

Con mi cuerpo en tierra hasta cintura,
roto el corazón de ansias insaciables,
mis manos con dedos casi impalpables,
y en mis ojos música de locura:
con tu cuerpo, flor sutil en la altura,
corazón con muros impenetrables,
para mí tus manos tan deseables,
y en tus ojos reino ¡Ay! de clausura.
Sí… con nuestros cuerpos fríos de muerte,
mudos testigos del milagro vano,
cayose la tentadora manzana:
para mí dulce nácar de oro inerte,
donde sembraron dioses el nirvana:
para ti sólo fue vil gusano.