

Víspera de la Señora de Agosto.
Te veo, Río-Mar, en la distancia;
hoy te cubre un manto gris de bruma
que me oculta tu sonrisa de plata.
Va cayendo lentamente la tarde
mientras el sol cerrando va sus alas,
quedando en tu regazo sus latidos,
embeleso armónico de gracia.
Pronto, sin embargo, se rompe el aire
y llora la armonía despeñada,
asaltan tus orillas sin recodos;
y pinchan por doquier las carcajadas
que van resonando por tu paz loca
rompiendo el ritmo de la madrugada.
Perdió su encanto la noche oscura,
la bestia salvaje soltó su escala.
Todo se quema en destrucción absurda
y se busca la borrachera helada
que rompe el nervio de la luz más pura,
¡Ay naturaleza pisoteada!
Tus olas quedan vacías sin norte,
lloran tus espumas en la alborada,
y mientras reinan las sordas penumbras
con la fuente del llanto en sus ramas.
¡Duerme, mi Río-Mar, cierra tus ojos!
Ya está aquí la orilla de tu mañana.
Las barcas acarician tus encajes
liberadas de la noche pasada…
¡Duerme, mi remanso de paz dolido,
duerme que ya está aquí el alba!