

Hoy, del tiempo
tan sólo quiero
su cola parsimoniosa
perdiéndose en una distancia
estática entre días sin horas,
como adormecida
a la sombra de las cuencas
de mis miradas de arrugas.
Fue todo fugacidad impura,
cuna selvática,
pellizco de la búsqueda de lo imposible,
con el sabor en la boca de una tierra esquilmada
por invencibles raíces insaciables.
Siento su pura impureza,
clavada en las hojas blancas
de un pasado mil veces inviolado.
Y te fuiste
con tus ropajes de tierra recién mojados
que, como una lucecilla de Navidad,
sin pasado ni futuro,
tan sólo serviste
para alimentar la fantasía de un instante en la noche.