


Francisco Márquez Hidalgo lo menciona en la relación de hacendados sanluqueños que se matriculan en la junta general del Consulado Independiente, que la componían los miembros de la Junta Económica y los matriculados de la ciudad, una dieciochesca ciudad con aspiraciones en su élite económica y cultural ilustrada y reformista.
En la sesión capitular de 8 de julio de 1786, siendo síndico personero y procurador mayor del Cabildo sanluqueño, presentó un informe, escrito con fecha de 16 de junio, sobre la situación de la enseñanza en la ciudad. “De algunos años a esta parte, faltaba en ella clases y estudios mayores que cubriese las necesidades del público”, fue la clara afirmación de la que partió. Tal situación, agregó, causaba considerables perjuicios a la juventud, porque, al no poder sus padres costearles los gastos de la manutención y de otros, precisos de estudiar fuera de sus casas, desistían de que los jóvenes estudiasen, por lo que los dedicaban a otras labores, bien distantes de la “carrera de Letras”, tan beneficiosa para la causa pública, y tan “recomendada por las leyes divinas y humanas”. Sin duda resulta encomiable la defensa de que los jóvenes de estrato social humilde pudieran acceder a los estudios superiores, pues, de pertenecer a otros estratos sociales más elitistas, dispondrían sus padres de recursos para que estudiasen.
Para él, tales perjuicios se podrían subsanar con la poderosa influencia del gobernador y capitulares de la ciudad. Era evidente la llamada a los capitulares a responsabilizarse de la tarea educativa dentro de las responsabilidades de gobierno de la ciudad. Propuso como medida inmediata que se restableciesen “las escuelas y clases” que habían venido existiendo desde siempre “hasta algunos años a esta parte” en el convento sanluqueño del Señor Santo Domingo, las cuales se habían suprimido “por fines particulares”. De tal supresión se había seguido un gravísimo perjuicio a la causa pública, además de dañar sensiblemente a la comunidad dominica y al culto divino que se realizaba en el templo de dicho convento, “que cada vez había ido a menos”.