

Dado que su sobrino, fray Nicolás de Arjona, era a la sazón prior del monasterio de los Jerónimos, el potentado canónigo costeó la ampliación del templo de dicho convento, la construcción de una moderna hospedería, aislada de la vida conventual y el labrado del camarín destinado a la imagen de la Virgen y al que fue trasladada con gran solemnidad al culminarse las obras.